Xólotl
Xólotl: el dios perro que guía a los muertos y el origen del xoloitzcuintle
Quién es Xólotl
Xólotl es el dios mexica con cabeza de perro que acompaña a las almas en su viaje por el Mictlán, el reino de los muertos. Es el gemelo oscuro de Quetzalcóatl, el dios de la estrella de la tarde, la que se hunde en el horizonte y desciende al inframundo cada noche. También era el señor de los rayos, de los gemelos y de todo lo que nace doble o deforme. Su nombre está en el origen del perro más famoso de México, el xoloitzcuintle, el animal que según la tradición carga a los muertos sobre el río del más allá.
El gemelo oscuro de Quetzalcóatl
Venus aparece en el cielo de dos maneras: al amanecer, como estrella de la mañana, y al anochecer, como estrella de la tarde. Para los mexicas eran dos dioses hermanos. Quetzalcóatl era la luz que anuncia el día. Xólotl era la que se apaga en el oeste y baja hacia la oscuridad.
Por eso, cuando Quetzalcóatl descendió al Mictlán para robar los huesos de las generaciones pasadas y crear a la nueva humanidad, en varias versiones del mito no fue solo: lo acompañó Xólotl, su doble, el que conoce el camino de los muertos.
El dios que no quería morir
En el mito del Quinto Sol, los dioses se reunieron en Teotihuacán y se sacrificaron en el fuego para poner en movimiento al Sol. Todos aceptaron morir. Todos menos uno.
Xólotl lloró tanto que se le hincharon los ojos, y huyó. Cuando lo alcanzaron, se escondió en un campo de maíz y se transformó en una planta de dos mazorcas, a la que se llama *xólotl*. Lo encontraron. Huyó a un campo de magueyes y se transformó en un maguey doble, el *mexólotl*. Lo encontraron de nuevo. Se lanzó al agua y se convirtió en un animal extraño, el *axólotl*. Ahí lo atraparon y le dieron muerte.
Ese animal en el que se escondió todavía existe y lleva su nombre: es el **ajolote**, la salamandra mexicana que nunca termina de crecer, que vive en los canales de Xochimilco y que puede regenerar sus propias patas. Para los mexicas, era el dios que se negó a morir.
Los perros que cruzan el río de los muertos
El camino del alma por el Mictlán duraba cuatro años y atravesaba nueve regiones. El primer obstáculo era un río ancho y profundo, el Chiconahuapan. Ningún muerto podía cruzarlo solo. Necesitaba un perro.
Por eso los mexicas enterraban o incineraban a sus muertos junto a un perro, o con una figura de perro, y en algunos lugares le ataban al difunto un hilo de algodón al cuello. Al llegar al río, el perro reconocía a su dueño, se lanzaba al agua y lo cruzaba sobre su lomo.
Según la tradición recogida después de la conquista, no cualquier perro servía. El blanco se negaba porque decía que acababa de lavarse. El negro se negaba porque decía que acababa de ensuciarse. Solo el perro de color bermejo, amarillento, aceptaba cargar al alma. Por eso se criaban perros de ese color para acompañar a los muertos.
El xoloitzcuintle, el perro de Xólotl
El nombre **xoloitzcuintle** une *Xólotl* e *itzcuintli*, "perro". Es una raza que existe en México desde hace más de tres mil años: un perro sin pelo, de piel oscura y lisa, orejas grandes y mirada fija. Se lo consideraba el representante del dios en la tierra y el guía natural de las almas.
En las tumbas antiguas del occidente de México, sobre todo en Colima, se encontraron cientos de esculturas de barro de perros regordetes que acompañaban a los muertos. Se cree que muchos representan a xoloitzcuintles.
Los mexicas también los criaban como alimento y por su calor: se los usaba como bolsas de agua caliente vivientes para aliviar dolores. Tras la conquista la raza estuvo a punto de desaparecer y fue salvada en el siglo XX por criadores y artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera, que vivían rodeados de ellos. Hoy es uno de los símbolos de México y uno de los protagonistas del Día de Muertos: en muchos altares hay un xoloitzcuintle de barro o de papel, listo para guiar al muerto que vuelve de visita.
Xólotl en el cielo y en la tierra
Xólotl es un dios incómodo: el que tuvo miedo, el que se escondió, el deforme, el que se encarga del trabajo que nadie quiere, llevar a los muertos por la oscuridad. Pero es también el más fiel. Cada noche baja con el Sol al inframundo y cada noche vuelve a salir. Y en cada perro que mira a su dueño como si lo conociera desde siempre, los mexicas veían al guía que algún día los iba a estar esperando en la orilla del río de los muertos.
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