Por qué existe El Grimorio

Viresh Kartik · creador de ELGRIMORIO22
Viví 14 años junto a una entidad. Y tardé 14 años en verla.
Me llamo Viresh Kartik, me dicen el Gurú. Te voy a contar esa historia, porque es la razón por la que hice El Grimorio 22.
Los perros de Traful
Cuando vivía en Villa Traful, en la Patagonia, una noche volvía a mi casa y vi un montón de perros peleándose entre ellos. Se peleaban por el territorio. Parecía que se decían: "Este es mi lugar, salí. No, no pases por acá".
Y pensé: no puede ser. Es exactamente lo mismo que hace la gente de este lugar.
En Villa Traful había —y todavía hay— una cuestión muy marcada con el territorio, con el lugar, con habitar el lugar. Cuando vi a esos perros empecé a observar el entorno. Y a la gente: todos peleándose por ver de quién es este campo, si es mío, si es tuyo, si vos podés hacer esto o no. Yo fui presidente de dos cooperativas de vivienda que armé ahí. Lo vi de muy cerca.
Entonces me conecté. Yo tengo mis facultades. Me conecté y empecé a ver. Y dije: mirá qué marcado que está. Parecía que los perros estuvieran poseídos. Que estuvieran respondiendo a una entidad, igual que todo el pueblo. Porque viví en varios lugares distintos y Villa Traful es el único donde pasan estas cosas.
La tribu del otro lado del lago
Entonces empecé a ver.
Del otro lado del lago vivía un pueblo originario. No sé cómo se llamaban. Yo los veo del otro lado del lago, pero habitaban todo el territorio de Traful.
El cacique, el jefe de ese pueblo, no era cualquier cacique. Era una persona muy poderosa, muy sabia, muy inteligente, y además tenía una energía muy potente. Todo ese pueblo estaba muy conectado espiritualmente, y en especial él: el jefe tenía una capacidad espiritual muy fuerte.
El jefe tenía dos hijas. Esas dos hijas tenían una conexión espiritual muy fuerte. Canalizaban mensajes, canalizaban energías. Trabajaban con un cristal grande —no sé si era un cristal o un diamante, no sé qué es—, y a través de ese cristal estaban conectadas con una raza extraterrestre que les pasaba información. Estaban haciendo todo un trabajo energético en ese lugar. Ahí, en Traful, era algo sagrado.
Para su pueblo, las hijas del jefe eran dos personas muy especiales. Sagradas, te diría. Eran las que traían todo ese conocimiento y ese manejo de la energía que se hacía en distintos lugares de Traful. Trabajaban con la energía de las montañas y con lo que canalizaban de estos extraterrestres. Se estaba haciendo un trabajo muy importante en ese lugar.
Ese pueblo era uno de los pocos que había logrado sobrevivir y aguantar el ataque de otros pueblos que venían del otro lado de la cordillera. Habían resistido. Habían sobrevivido. Por eso era un grupo muy unido, muy fuerte.
La masacre
Cuando vino el hombre blanco a conquistar estas tierras, los masacraron. Fue una cosa terrible. Mataron a las hijas del jefe. No dejaron a nadie.
El jefe logró sobrevivir. Después de toda la batalla, de alguna manera, sobrevivió y se fue. No sé si vivió mucho tiempo más. Pero antes de morir era tanto el dolor que tenía, tanta la furia, tanto el enojo —la injusticia había sido tan grande—, y él era una persona con tanto poder, que con su pensamiento y con su conocimiento hizo algo. Él sabía lo que estaba haciendo. Era consciente. No fue una maldición. Fue que se focalizó tanto, usando de combustible todo ese dolor —que le habían matado a las hijas, que se había cortado todo el trabajo que se hacía en el lugar—, que usó esa energía.
Con lo que le quedaba, fue hasta el lago. Estaba herido. Se subió a un tronco que flotaba y se metió al agua, con el cristal en una mano. Un cristal del tamaño de un pomelo; no sé si era un cristal o un diamante. El agua de ese lago es helada. Herido, temblando, con hipotermia, siguió igual, hasta alejarse de la orilla.
Y ahí, con todo ese dolor y toda esa furia, decretó. Con toda esa energía acumulada y con un solo pensamiento: esta tierra no va a ser de nadie. Por la ambición del hombre blanco, que vino y se quería quedar con esa tierra, él decretó que esa tierra no la iba a poder poseer nadie.
Y soltó el cristal. Cayó al fondo del lago. Y ahí sigue.
No estoy seguro de si usó la energía del cristal o si ancló la entidad al cristal. Pero el decreto quedó.
Fue tan grande, con tanta fuerza, que se terminó concentrando ahí. Y se empezó a crear una entidad.
Cómo es la entidad
Cuando yo la veo, es gigante. Está como en el pico Traful, en la punta del lago, como si estuviera ahí arriba, conectada con todo. Conectada con toda la gente.
Es como un manto que envuelve todo. Una semiforma humana, pero como si fuera una nube. Un manto transparente que cubre la parte del pueblo, las partes donde hay gente.
¿Qué hace esta entidad? Siembra semillas de pensamiento que tienen que ver con echar a la gente del territorio. Pone pensamientos, pone situaciones entre las personas para que sea muy difícil habitar ese lugar. Para que no te puedas quedar. Incluso genera conflictos por los espacios entre la gente cuando querés hacer alguna actividad que te va a dar un beneficio.
Cada vez que querés aprovechar el recurso del lugar, o querés habitarlo, se produce una serie de hechos, una secuencia, que te lo impide. Les pasa hasta a los que viven ahí hace mucho tiempo. Gente que tiene su complejo de cabañas, que tiene todo, pero cuando quiere hacer una actividad nueva —con las lanchas o con lo que sea— termina sacada, desbordada, por todos los conflictos que aparecen cuando querés algo más, cuando querés ese espacio.
Viví 14 años ahí, en un pueblo de 500 habitantes. Te podría contar infinidad de historias relacionadas directamente con la entidad.
Toda la gente está trabajando para ella. La mayoría, de manera inconsciente. No se dan cuenta. Pero ante los mismos sucesos, todo el mundo reacciona de la misma manera. Con el tiempo puede ir variando la intensidad, pero los sucesos están, se replican. Los podés observar.
El que no quería nada
Hay una excepción.
Una noche estaba tomando una cerveza con un amigo. Le dije: "Acá hay una entidad. Trabaja así y así". Le expliqué, le conté. Y me dijo:
—No sé si será cierto o no, pero a mí la entidad no me hace nada, porque yo no quiero nada. Yo vivo acá tranquilo, tengo esta casa prestada y no quiero nada, no pido nada. Vivo tranquilo, estoy bien.
Y tenía razón. Me lo mostró, me lo enseñó. Cuando no querés nada, listo. Cuando estás de paso, cuando no querés una tierra, cuando no querés hacer una actividad que tenga que ver con el lugar, la entidad con vos no se mete. Pero si querés, son puros problemas, puras trabas. Es una energía muy marcada.
Se mete con los que quieren habitar el lugar. No a todos les pasó de la misma manera: hay gente que no tuvo problemas, los que llegaron en momentos específicos. Pero de una manera o de otra —porque te separaste, porque tuviste un problema— aparece. Es un conflicto con el que tenés que lidiar.
De qué se alimenta
La entidad te implanta la semilla. Te implanta los pensamientos, te implanta las situaciones, y se alimenta de eso. Lo que la sostiene es toda la pelea, toda la confrontación por el lugar: por habitarlo, por el espacio, por hacer una actividad ahí. De eso se alimenta, y va creciendo, y se sostiene.
Además hay un montón de entidades parasitarias que se alimentan de la energía baja de esos conflictos. Eso hace que la energía de Traful baje mucho, por más que el lugar, energéticamente, es muy, muy bueno. Lo que baja la frecuencia es la gente: las interacciones, el malestar de estar en un conflicto permanente, la espera, pelear, estar confrontando todo el tiempo.
Lo que me costó
Yo logré ver esto después de 14 años.
Hice de todo. La entidad tuvo su influencia, pero yo también tuve la mía. El problema era dónde estaba poniendo la energía. Si el 95 % de tu felicidad depende de tu entorno, yo estaba desperdiciando el 95 % de mi energía poniéndola en ese lugar.
Sí, avanzaba. Hice dos cooperativas de vivienda, tuve mi casa. Pero de una mala manera. Vivía como una rata: con panel solar, sin gas. No estaban dadas las condiciones para vivir como una persona normal. Vivir ahí me costaba el triple, cuatro o cinco veces más energía de la que le lleva a cualquier persona habitar otro lugar del planeta.
Toda esa energía me la absorbía la entidad. Que te quedaste sin agua y tenés que caminar 10 kilómetros por la montaña hasta la toma para destapar un caño, y meterte al río con el agua helada. Cortar leña, apilarla, prender el fuego. Cien mil cosas. Una vida muy rudimentaria.
Hablar con la entidad
¿Qué hice? La vi. Le hablé. Le dije las cosas como son:
Mirá, honro lo que hizo acá el jefe. Fue una injusticia muy grande, es un dolor muy grande. Yo vine a habitar en paz. Vine a aportar a la vida, porque soy una persona que tiene para dar. Vine a aportar al trabajo que se estaba haciendo acá antes, y estoy dispuesto a aportar ahí también.
Pero al ver todo esto sentí que no. Que me iba a retirar. Porque era como nadar en barro. No me estaba bañando en aguas cristalinas: estaba revolviendo la olla de mierda. Estaba viviendo en un lugar denso.
Así que le dije: "Bueno, yo te libero. Me voy a retirar. ¿Entendés?"
Y cuando me retiré, la entidad se quedó aliviada. Porque siempre había una tensión permanente. No era solamente la energía que se llevaba: era también el esfuerzo que tenía que hacer para frenarme a mí. Porque yo también avancé mucho. A mí siempre me sobró la energía. Yo me trato de una manera más despiadada que el común de la gente, porque para mí es normal. Pero ese es otro tema.
Me retiré. Me fui. Y ahora que vivo en Brasil es otra cosa. La energía fluye, el lugar me recibe. Estoy muy bien.
Los que honran sin saberlo
Y observá esto. La mayoría de los que viven ahí, sin saberlo, repelen a la gente que llega.
Y está bien lo que hacen. Porque están honrando lo que le pasó a ese pueblo. Están diciendo: "Salgan de acá, esta tierra no es de nadie". Están replicando lo que querían sus ancestros, lo que hacían sus ancestros. Son, no sé si la venganza, pero sí la voz. La forma de acompañar la desgracia que pasó en ese lugar. Como diciendo: "Váyanse de acá".
No me creas
¿Te das cuenta?
No me creas que existe la entidad. No me creas. Pero te mostré cómo vi el patrón. Te mostré cómo lo vi en los perros de la calle. Te mostré cómo lo vi cuando dije: "A ver, vamos a mirar la energía de todo el pueblo". Y todo el pueblo estaba respondiendo a ese patrón.
No importa si la entidad es verdadera o no, si existe o no, porque es muy probable que no lo puedas comprobar. Pero el patrón existe. La manifestación existe. Una entidad es una inteligencia. Y una inteligencia tiene un patrón: responde a ciertas cosas y se manifiesta en el entorno. Vos podés observar con total claridad los conflictos que genera.
Yo tengo la sensibilidad, la facultad de ver a través de la mediumnidad, a través de las cosas con las que conecto. Y de eso sí doy fe, porque tengo comprobaciones, tengo experiencia. Entonces yo sí puedo decir: "Mirá lo que está pasando acá. Mirá la energía de este lugar".
Si yo hubiera detectado esto no 14 años más tarde, sino a los 3 o a los 5, habría sabido hasta dónde me convenía poner energía en ese lugar. Porque no es lo mismo sembrar en un campo de tierra dura que en un campo de tierra blanda y fértil. Ahí es donde podés elegir bien dónde vas a poner tu energía. Y no le vas a estar dando flores a los chanchos.
Lo que podría haber hecho
No necesariamente te tenés que retirar. Yo me retiré por una decisión personal, pero también me podría haber quedado. Podría haber hablado con la entidad, haberle explicado: "Mirá, voy a hacer esto, voy a hacer lo otro". Podría haber hecho otros intentos.
Podríamos haber juntado a todo el pueblo y decir: "Honramos todo lo que pasó acá. Lo lamentamos mucho. Estamos acá para vivir en paz, para hacer el bien. No necesitamos pelearnos entre nosotros ni quitarnos nada. Cada uno tiene que fluir y hacer sus cosas".
A veces podés poner tu energía en un lugar mejor. A veces hay algo que corregir porque hay una entidad actuando, y la que se tiene que ir es la entidad: hay que hacer un trabajo.
Pero con esta entidad yo siento mucha empatía, mucha afinidad por lo que pasó ahí. Y de alguna manera está bien que ese lugar se preserve así. Ahí quedó un trabajo inconcluso. Lo que yo siento es que fue bastante grave que eso se cortara. En los sistemas, cuando algo o alguien no ocupa su lugar, el sistema se rompe y empieza a funcionar mal. Andá a saber todas las consecuencias que trajo que se cortara el trabajo que estaba haciendo ese pueblo ahí. Es solamente un pensamiento.
Por qué hice El Grimorio 22
Por eso es tan importante entender a las entidades. Qué es una entidad, cómo se mueve, cómo se manifiesta su energía, cómo reacciona, qué cosas provoca.
Cuando conocés a las entidades aprendés a detectar la manifestación de algo que podés no ver. Ya no necesitás ver quién lo está haciendo: ves un patrón. Hacés la lectura de una energía que se está manifestando.
Por eso las entidades son tan variadas: monstruos, criaturas fantásticas —no importa si son inventadas o no—, vampiros, hombres lobo, fantasmas, demonios, ángeles. Cuando empezás a conocer sus historias te das cuenta de que algunas que supuestamente eran malas no eran tan malas: había toda una historia detrás, lo que les pasó, lo que las llevó a manifestar lo que manifestaban. Como el jefe de Traful. Y de la misma manera, no todas las buenas son tan buenas como parecen.
Esa manifestación influye directamente sobre vos y sobre tu entorno. Y el 95 % de tu felicidad está determinada por tu entorno. Cuando lográs detectar estas manifestaciones, ves todo tu entorno con claridad. Te das cuenta de cuánta energía te está absorbiendo. O de dónde hay entidades favorables, lugares favorables, y cuánta energía te facilitan: la energía que tenés disponible para poder ser vos mismo y no pelear con tu entorno.
Por eso creé un sitio con más de 800 entidades: para que empieces a ver cada una, cómo se relacionan unas con otras, la historia que hay detrás de cada una, cómo cada una tiene una energía distinta y se manifiesta de una manera distinta.
Porque incluso vos sos una entidad. Sos una inteligencia. Una inteligencia artificial también es una inteligencia, que responde a un algoritmo, a un parámetro. No importa. Cuando sos consciente, cuando podés sintonizar estas manifestaciones y verlas con claridad, tenés resuelto el 95 % de las cosas que te están haciendo mal.
Lo que te tiene que quedar
Todas las entidades son inteligencias. No todas las vemos, no todas las tocamos, pero las percibimos.
Empezá por las entidades. Revisá, leé, buscá, y vas a ver. Tratá de conectar con eso. Y si alguna te habla, contá en sus comentarios qué percibiste, qué sentiste, qué detectaste.
Te conté una historia mía. Una sola. Para que tengas una referencia.
Viresh Kartik