Mictecacíhuatl
Mictecacíhuatl: la Señora de los Muertos
Quién es Mictecacíhuatl
Mictecacíhuatl es la diosa mexica de la muerte, la reina del Mictlán y esposa de Mictlantecuhtli, el señor del inframundo. Su nombre significa "Señora del lugar de los muertos". Era la guardiana de los huesos de los difuntos y la que presidía las fiestas que los mexicas dedicaban a sus muertos, las mismas que, después de la conquista, se transformaron en el Día de Muertos. Por eso muchos la consideran la verdadera madre de esa celebración, y la ven reflejada en La Catrina.
La reina del noveno nivel
Al final del viaje de cuatro años por el Mictlán, cuando el alma por fin atraviesa el río, los cerros que chocan, el viento de navajas y las fieras que comen corazones, llega al último nivel. Ahí la esperan dos figuras sentadas en la oscuridad: Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl.
Los códices la muestran con el cuerpo descarnado, la cara de calavera y la mandíbula abierta, como si estuviera lista para tragarse a las estrellas que se hunden en el horizonte cada noche. Lleva una falda adornada con serpientes y, a veces, collares de manos y corazones. Es una imagen hecha para dar miedo, pero también para recordar algo que los mexicas daban por sentado: todo lo que nace termina en sus manos.
La guardiana de los huesos
Para los mexicas, los huesos eran la semilla de la vida. De ellos se habían creado los hombres actuales, cuando Quetzalcóatl bajó al Mictlán a robar los restos de las humanidades anteriores. Y de ellos, creían, podía brotar vida nueva, como brota la planta de la semilla enterrada.
Mictecacíhuatl era la custodia de esa semilla. Cuidaba los huesos de todos los muertos que llegaban a su reino. No los destruía: los guardaba. Por eso su figura no es solo la del fin, sino la de la tierra que recibe y conserva lo que alguna vez vivió.
Las fiestas de los muertos
En el calendario mexica había dos meses dedicados a los difuntos: uno para los niños, la "pequeña fiesta de los muertos", y otro para los adultos, la "gran fiesta de los muertos". Caían a mediados del verano, y Mictecacíhuatl era su protectora.
Durante esos días se honraba a los muertos con comida, flores, cantos y ofrendas, y se creía que sus almas podían volver a acercarse a los vivos. Cuando llegaron los españoles, la Iglesia trasladó esas fiestas al 1 y el 2 de noviembre, para hacerlas coincidir con Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Cambiaron la fecha y los rezos, pero no la idea central. La fiesta de Mictecacíhuatl sobrevivió con otro nombre: Día de Muertos.
La diosa que fue una niña sacrificada
Algunas versiones tardías cuentan que Mictecacíhuatl nació en el mundo de los vivos y fue sacrificada cuando todavía era una bebé, y que por eso terminó reinando en el mundo de los muertos. La historia no aparece en las fuentes más antiguas y probablemente sea una reelaboración posterior, pero se repite mucho en México y le da a la diosa un rostro más humano: el de alguien que conoció la muerte demasiado pronto.
Mictecacíhuatl y La Catrina
Cada noviembre, millones de personas se pintan la cara de calavera y se adornan con flores para parecerse a La Catrina, la calavera elegante que creó el grabador José Guadalupe Posada a principios del siglo XX. Posada no se inspiró en la diosa: su calavera era una burla a la gente que renegaba de sus raíces. Pero con los años, el pueblo las fue uniendo. Las dos son una mujer hecha de huesos, las dos reinan sobre los muertos, y las dos vuelven cada año cuando las velas se encienden en los altares.
Para muchos, La Catrina es el disfraz moderno con el que Mictecacíhuatl sigue paseándose entre los vivos.
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