La Catrina
La Catrina: la calavera elegante que se ríe de todos
Qué es La Catrina
La Catrina es una calavera de mujer vestida de dama de la alta sociedad, con un sombrero enorme adornado de plumas. Es el símbolo más famoso del Día de Muertos en México y en el mundo. Pero no nació como un adorno de fiesta: nació como una burla. La creó a principios del siglo XX el grabador mexicano José Guadalupe Posada para reírse de los que, teniendo raíces humildes, se vestían a la europea y renegaban de su origen. Su mensaje es brutal y simple: debajo de la ropa cara, todos somos huesos.
Posada, el hombre que dibujaba calaveras
José Guadalupe Posada nació en Aguascalientes en 1852 y pasó buena parte de su vida en la Ciudad de México haciendo grabados para periódicos populares baratos. Ilustraba crímenes, catástrofes, milagros, fusilamientos y, sobre todo, calaveras. En sus hojas, los esqueletos bailaban, se emborrachaban, montaban a caballo, peleaban y hacían política. Eran la forma de decir en voz alta lo que la prensa seria no se animaba a decir sobre los ricos y los poderosos de la época de Porfirio Díaz.
Hacia 1910 o 1912 publicó la imagen que lo haría inmortal: una calavera de mujer que solo muestra el busto, con un gran sombrero de ala ancha cargado de flores y plumas de avestruz. No la llamó Catrina. La llamó **La Calavera Garbancera**.
La garbancera: una burla con nombre propio
En el México de entonces se les decía "garbanceras" a las mujeres indígenas o mestizas que vendían garbanzos en los mercados y que, al prosperar, intentaban pasar por europeas: se empolvaban la cara para parecer más blancas, se vestían a la moda francesa y negaban su origen. La calavera de Posada era una sátira de ese afán: por más que te pintes, te vistas y cambies de apellido, la muerte te va a dejar igual que a todos.
A Posada se le atribuye una frase que resume su obra: la muerte es democrática, porque al final, rubia o morena, rica o pobre, toda la gente termina siendo calavera.
Posada murió en 1913, pobre y casi olvidado. Su calavera garbancera estuvo a punto de perderse con él.
Diego Rivera le dio nombre y cuerpo
Décadas después, el muralista Diego Rivera rescató la figura y la convirtió en leyenda. En 1947 pintó el mural *Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central*, en la Ciudad de México. En el centro de la escena, entre decenas de personajes de la historia mexicana, aparece la calavera de Posada, ahora de cuerpo entero, con un vestido largo y una boa de plumas en forma de serpiente. A su lado, Posada mismo la lleva del brazo. Del otro lado, un Diego Rivera niño le toma la mano, y detrás de él aparece Frida Kahlo.
Fue Rivera quien la llamó **La Catrina**, la versión femenina de "catrín", la palabra que se usaba para el hombre elegante y presumido. Desde entonces, la calavera de la burla se convirtió en la dama de la muerte.
Catrina y Mictecacíhuatl
Muchos ven en La Catrina un eco de Mictecacíhuatl, la Señora de los Muertos de los mexicas, que presidía las fiestas que ellos dedicaban a sus difuntos. No hay una relación directa: Posada no se inspiró en la diosa. Pero la asociación tiene sentido y se volvió popular: las dos son una mujer hecha de huesos que reina sobre el mundo de los muertos y que, cada año, vuelve a mirar a los vivos.
La Catrina hoy
Hoy La Catrina está en todas partes. Hay catrinas gigantes de cartón en los desfiles, figuras de barro en los mercados, desfiles y concursos de catrinas, y millones de personas que cada noviembre se pintan la cara de calavera con flores y se visten como ella. La sátira original se suavizó, pero su lección sigue intacta: frente a la muerte no hay clases sociales, no hay disfraz que sirva, y lo único que queda es reírse de ella antes de que ella se ría de nosotros.
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