Monte Kailash

Lugares malditos o sagrados · Lugares sagrados y de poder

Ilustración de Monte Kailash (lugares malditos o sagrados · lugares sagrados y de poder)

Monte Kailash: la pirámide de hielo donde habitan los dioses

El paso que nadie puede cruzar

En el año 1936, el montañista austríaco Herbert Tichy se detuvo en la base de la pared sur del monte Kailash, en el oeste del Tíbet. Contempló la mole de arenisca y hielo que se eleva a 6.638 metros sobre el nivel del mar, una pirámide casi perfecta cuyas cuatro caras coinciden con los puntos cardinales. Tichy le preguntó a un monje local si era posible escalarla. El monje lo miró con extrañeza y le respondió con calma: "Solo un hombre libre de pecado podría escalar el Kailash. Y él no tendría que trepar por las paredes de hielo; simplemente se transformaría en un pájaro y volaría hasta la cima". Tichy no lo intentó. Nadie lo ha hecho jamás.

La montaña de las cuatro religiones

El monte Kailash no es la montaña más alta del Himalaya, pero es el centro espiritual de casi mil millones de personas. Para cuatro religiones distintas, este pico es el eje del mundo. Los hinduistas creen que en la cima del Kailash se sienta el dios Shiva, en meditación perpetua junto a su consorte Parvati, cubierto de cenizas sagradas y con el río Ganges fluyendo desde sus cabellos trenzados. Para los budistas, la montaña es la morada de Demchok, la deidad de la máxima compasión. Los jainistas veneran el pico como el lugar exacto donde su primer profeta, Rishabhadeva, alcanzó la iluminación espiritual. Y para los seguidores de la antigua religión bön, anterior al budismo en el Tíbet, el Kailash es el descenso del cielo a la tierra del alma misma de su fe. Por esta razón, hollar la cumbre se considera el sacrilegio más grave de la región. El Kailash permanece invicto, no por falta de tecnología o destreza técnica, sino por un veto espiritual que las autoridades de China y el Tíbet han mantenido a lo largo del tiempo, respetando la voluntad de los peregrinos que viajan miles de kilómetros para rodearlo.

El duelo de milagros en las alturas

La leyenda más famosa de la montaña cuenta el enfrentamiento entre el sabio budista Milarepa y el mago bön Naro Bön-chung en el siglo XI. Ambos competían por el dominio espiritual del Tíbet y acordaron que quien llegara primero a la cima del Kailash en la mañana del solsticio sería el ganador. Naro Bön-chung se sentó en su tambor ritual de doble parche y comenzó a elevarse por los aires hacia la cumbre en medio de la penumbra del amanecer. Los discípulos de Milarepa, desesperados, despertaron al maestro, quien seguía durmiendo plácidamente. Milarepa sonrió, esperó a que el primer rayo de sol tocara la cumbre y, montando el rayo de luz, se materializó en la cima en una fracción de segundo, antes de que el mago pudiera tocar la nieve con su tambor. Desde ese día, el budismo gobierna el Tíbet, pero Milarepa dejó intacta la montaña para que nadie perturbase la paz de los dioses.

El viaje que limpia una vida

Hoy en día, miles de peregrinos realizan la *kora*, el circuito de 52 kilómetros alrededor de la base de la montaña. La altitud media del recorrido supera los 5.000 metros, donde el aire escasea y el frío corta los labios. Los devotos más extremos no caminan: realizan postraciones completas. Se tiran de pecho sobre la roca y el hielo, estiran los brazos, marcan el suelo con los dedos, se levantan, caminan hasta la marca y vuelven a postrarse. Completar una sola vuelta de esta manera lleva casi un mes. Los que regresan del Kailash hablan de una distorsión del tiempo. Los montañistas que acamparon en sus cercanías aseguran que el cabello y las uñas les crecieron el doble de rápido durante las semanas que pasaron bajo la sombra de la pared norte. Los peregrinos reportan luces extrañas que flotan sobre el pico durante las noches despejadas, destellos azules y dorados que no corresponden a satélites ni a estrellas.

El origen de las aguas de Asia

La geografía del Kailash confirma su papel como fuente de vida. De sus glaciares nacen cuatro de los ríos más grandes y sagrados de Asia: el Indo, el Brahmaputra, el Sutlej y el Karnali (afluente del Ganges). Estos ríos corren en cuatro direcciones distintas, alimentando a más de mil millones de personas río abajo. La ciencia explica que la forma piramidal perfecta del Kailash se debe a la fractura de la corteza terrestre durante la colisión de la placa tectónica de la India con Asia, un proceso que levantó sedimentos de arenisca y conglomerados compactados que resistieron la erosión glacial mucho mejor que los picos vecinos.

El guardián intacto del Tíbet

La montaña sigue allí, aislada en la meseta tibetana, protegida por un muro invisible de devoción y respeto. En los años ochenta, el gobierno chino ofreció al famoso montañista Reinhold Messner el permiso para escalar el Kailash. Messner, que había completado los catorce ochomiles del planeta, lo rechazó: según contó después, conquistar esa montaña habría sido conquistar algo en el alma de la gente.

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