Glastonbury

Lugares malditos o sagrados · Lugares sagrados y de poder

Ilustración de Glastonbury (lugares malditos o sagrados · lugares sagrados y de poder)

Glastonbury: la colina de bruma donde duermen el rey y el Grial

En el año 1191, los monjes de la abadía de Glastonbury cavaron profundamente entre dos pirámides de piedra tallada en el cementerio del monasterio. A más de dos metros de profundidad, sus palas golpearon un tronco de roble hueco que servía de ataúd. Sobre la madera descansaba una cruz de plomo con una inscripción grabada en latín: "Aquí yace sepultado el ínclito rey Arturo, con Ginebra su segunda esposa, en la isla de Ávalon". Al abrir el cofre, los monjes contemplaron los huesos de un hombre de proporciones gigantescas y, junto a ellos, una trenza de cabello rubio que se deshizo en polvo cuando uno de los presentes intentó tocarla.

El refugio entre los pantanos

Mucho antes de que los sajones pisaran estas tierras, Glastonbury era una isla real. El agua de los pantanos de Somerset rodeaba por completo la colina del Tor, una elevación de terreno que emergía de la niebla como un lomo de ballena verde. Los celtas llamaron a este lugar *Ynys yr Afallon*, la Isla de las Manzanas, un territorio sagrado donde la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos era tan delgada como el aire de la mañana. En el siglo I, la historia y la fe se fundieron en el barro de Glastonbury. La tradición de la abadía cuenta que José de Arimatea, el hombre que reclamó el cuerpo de Cristo, llegó a la isla navegando por los canales pantanosos. Al desembarcar en la colina de Wearyall, clavó su bastón de espino en la tierra para descansar. El bastón echó raíces de inmediato y se convirtió en un espino sagrado que, desafiando las leyes de la naturaleza, florecía cada diciembre, precisamente en la víspera de Navidad. La primera iglesia de Inglaterra nació aquí, construida con cañas y barro por las manos de aquellos primeros ermitaños. Glastonbury se transformó rápidamente en el corazón espiritual de Britania, atrayendo a monjes, reyes y peregrinos que buscaban la bendición de una tierra que parecía tocar el cielo.

El portal al inframundo y las dos fuentes

La colina del Tor, coronada hoy por la torre solitaria de la iglesia de San Miguel, es el eje de las leyendas más oscuras del lugar. Los mitos galeses afirman que el Tor es la morada de Gwyn ap Nudd, el señor del inframundo y cazador de almas. Quienes se adentraban en las cuevas de la colina aseguraban oír los ladridos de sus perros de caza, bestias de color blanco con orejas rojas que perseguían a los moribundos. Al pie del Tor fluyen dos manantiales con propiedades opuestas, separados por apenas unos metros. El primero es el Pozo del Cáliz (*Chalice Well*). Sus aguas, ricas en hierro, tiñen las piedras de un rojo encendido que evoca la sangre de Cristo; la tradición sostiene que José de Arimatea enterró el Santo Grial en este punto exacto, dotando a la fuente de propiedades curativas. El segundo es la Fuente Blanca (*White Spring*), cuyas aguas cargadas de calcio fluyen transparentes y gélidas a través de una caverna de piedra oscura, consagrada desde tiempos inmemoriales a las deidades del agua del mundo celta.

El peso de la colina

Los peregrinos que suben hoy el sendero en espiral que asciende al Tor describen una presión física inusual en el pecho y los oídos. Según los buscadores de energías, la colina está cruzada por líneas ley, corrientes de energía que los zahoríes dicen detectar con sus varillas. Durante las tardes de otoño, cuando la niebla cubre por completo los campos bajos de Somerset, el Tor emerge por encima de las nubes bajas. Los que observan el fenómeno desde la distancia juran ver la mítica isla de Ávalon flotando de nuevo sobre un mar blanco, tal como la vieron los antiguos reyes celtas antes de que los pantanos fueran drenados.

Lo que la tierra revela

La historia documentada confirma que la abadía de Glastonbury fue una de las más ricas e influyentes del norte de Europa hasta que Enrique VIII ordenó su destrucción en 1539. El último abad, Richard Whiting, fue colgado y descuartizado en la cima del Tor por negarse a entregar los tesoros sagrados de la abadía a la corona. En cuanto al hallazgo de la tumba del rey Arturo, una excavación de 1962 encontró en el cementerio de los monjes rastros de un pozo cavado y vuelto a rellenar, lo que confirma que ahí se excavó. Pero muchos historiadores creen que el descubrimiento fue un montaje para atraer peregrinos y fondos tras el devastador incendio de la abadía en 1184, y la cruz de plomo se perdió en el siglo XVIII. El espino de Glastonbury, que la tradición hace descender del bastón de José de Arimatea, sigue floreciendo dos veces al año. Cada diciembre, una rama del espino se corta y se envía al monarca británico para decorar su mesa de Navidad, un lazo vivo que une el presente con los misterios de la isla de la bruma.

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