Profecía de Harold Camping
La profecía de Harold Camping: el día en que el Rapto detuvo los relojes
El 21 de mayo de 2011, a las seis de la tarde de cada huso horario, debía comenzar el fin del mundo con un terremoto global que daría paso al Rapto de los creyentes. Harold Camping, un ingeniero civil de 89 años y presidente de la red de emisoras Family Radio en Estados Unidos, anunció esta fecha tras pasar décadas analizando cálculos matemáticos basados en las escrituras bíblicas. Su advertencia desató una campaña publicitaria de más de cien millones de dólares y movilizó a miles de seguidores que abandonaron sus empleos, vendieron sus propiedades y gastaron los ahorros de su vida para advertir al planeta del inminente juicio final. Cuando el reloj marcó las seis de la tarde en Nueva Zelanda, y posteriormente en el resto de los continentes, la tierra permaneció en silencio. No hubo terremotos, el cielo no se abrió y los fieles de Camping se quedaron de pie en las calles, mirando sus relojes sin entender por qué seguían allí. Aunque el predicador intentó salvar su profecía alegando que el juicio inicial había sido "espiritual" y postergó el cataclismo físico para el 21 de octubre de ese mismo año, esa segunda fecha también transcurrió sin incidentes, sepultando definitivamente su credibilidad.
El ingeniero que descifró la Biblia
Harold Camping no era un teólogo de formación, sino un ingeniero civil graduado en la Universidad de California en Berkeley. Esta mentalidad técnica lo llevó a tratar los textos sagrados como un gigantesco plano estructural lleno de variables numéricas ocultas. A través de su cadena de radio, que transmitía en decenas de idiomas a todo el mundo, Camping explicó que la clave del apocalipsis se encontraba en el Génesis. Según su teoría, el Diluvio Universal había ocurrido exactamente en el año 4990 antes de Cristo. Al interpretar el pasaje de la segunda epístola de San Pedro que afirma que para el Señor un día es como mil años, Camping concluyó que los siete días de advertencia que Dios le dio a Noé equivalían a siete mil años humanos. Al sumar ese número al año del diluvio, el resultado matemático apuntaba directamente al año 2011. El día exacto, el 21 de mayo, correspondía al decimoséptimo día del segundo mes del calendario bíblico, la misma fecha en que se cerraron las puertas del arca. Camping ya había fallado en una predicción previa para septiembre de 1994, pero argumentó que en aquella ocasión había cometido un error de cálculo al pasar por alto ciertos pasajes del libro de Daniel. Para la fecha de 2011, el locutor aseguró que la matemática de Dios era absoluta y que no había margen de error.
La fiebre de los cien millones de dólares
A medida que se acercaba el día señalado, el mensaje de Camping se convirtió en un fenómeno global. Financiada por donaciones voluntarias de oyentes que creían que ya no necesitarían su dinero en la Tierra, Family Radio desplegó una campaña publicitaria masiva. Más de cinco mil carteles espectaculares cubrieron las autopistas de Estados Unidos, y la advertencia "¡El Día del Juicio Final! 21 de mayo de 2011" se tradujo a decenas de idiomas para empapelar ciudades en Rusia, América Latina, África y Asia. La convicción de los seguidores se tradujo en decisiones drásticas. Familias enteras renunciaron a sus carreras, vendieron sus casas a precios irrisorios y cerraron sus cuentas bancarias para financiar folletos y caravanas de caravanas que recorrían el país proclamando el fin. Un jubilado de la autoridad de transporte de Nueva York gastó los 140.000 dólares de sus ahorros de toda la vida en publicidad exterior en estaciones de metro. En internet se multiplicaron las empresas satíricas que ofrecían, mediante contratos legales, cuidar a las mascotas de los cristianos que serían elevados al cielo el sábado por la tarde.
El crepúsculo del 21 de mayo
El sábado 21 de mayo de 2011, la expectativa alcanzó su punto máximo. El plan trazado por Camping indicaba que el Rapto ocurriría de manera escalonada: un terremoto de magnitudes jamás registradas sacudiría el planeta zona por zona, siguiendo la línea de las seis de la tarde de cada país, abriendo las tumbas de los santos y elevando a los elegidos al cielo en cuerpo y alma, mientras el resto de la humanidad quedaba atrás para sufrir cinco meses de tormento antes de la aniquilación total de la Tierra. Los seguidores se reunieron en hogares y parques, sintonizando las transmisiones de Family Radio o simplemente esperando en silencio con las biblias abiertas en sus regazos. A medida que las seis de la tarde pasaron por la línea internacional del cambio de fecha y luego por Asia, Europa y América sin que se registrara el menor temblor, el pánico inicial de los creyentes se transformó en una profunda desorientación. Los teléfonos de las oficinas de la radio sonaban sin recibir respuesta; las puertas de la sede en Oakland, California, permanecieron cerradas bajo llave.
El reajuste invisible y el colapso
Tras recluirse en su hogar durante el fin de semana del desastre profético, Harold Camping reapareció ante los medios de comunicación el lunes 23 de mayo. Lejos de admitir un error conceptual, el predicador declaró ante las cámaras que se sentía aliviado y explicó que el juicio divino sí había ocurrido el sábado, pero de forma estrictamente espiritual. Según su nueva interpretación, el mundo ya había sido juzgado y la destrucción física definitiva simplemente se había unificado con el final del ciclo, el 21 de octubre de 2011. Esta explicación no bastó para contener el desmoronamiento de su base de seguidores. Aquellos que habían entregado todo su patrimonio se encontraron en la ruina financiera y moral, enfrentando la burla pública y el silencio de la organización. El 21 de octubre llegó y pasó con la misma normalidad que el mes de mayo. En junio de ese año, Camping sufrió un derrame cerebral que limitó su capacidad de hablar y, finalmente, en marzo de 2012, publicó una carta de disculpa pública donde reconoció que su intento de señalar fechas había sido un acto de orgullo pecaminoso y que la Biblia prohibía a los hombres conocer el día del fin. El predicador falleció en diciembre de 2013. Los miles de carteles publicitarios que alguna vez anunciaron el fin del mundo fueron cubiertos con anuncios comerciales comunes, dejando tras de sí un tendal de cuentas bancarias vacías y la certeza de que el tiempo, una vez más, se había negado a detenerse.
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