El Pombero

Bestiario latinoamericano

Ilustración de El Pombero (bestiario latinoamericano)

El Pombero: el señor de la noche guaraní

Qué es el Pombero

El Pombero es un duende del folclore guaraní, el ser más temido y respetado del monte en Paraguay y en el nordeste argentino (Misiones, Corrientes, Formosa y Chaco), con versiones también en el sur de Brasil. Es petiso, robusto y peludo, anda de noche y a la hora de la siesta, imita a la perfección el canto de los pájaros y puede volverse invisible. Protege a las aves y al monte, castiga a quien los daña, y tiene fama de visitar a las mujeres de noche. Por eso, en muchas casas, todavía hoy no se pronuncia su nombre después de que oscurece.

Cómo es

Las descripciones cambian de un pueblo a otro, pero casi todas coinciden en algunos rasgos:

- **Bajo y fornido**, con el cuerpo cubierto de pelo y manos grandes y velludas. - **Silencioso**: camina sin hacer ruido, y en algunos relatos lo hace porque tiene los pies cubiertos de pelo. - **Cambiante**: puede encogerse, estirarse, esconderse detrás de un tronco fino o transformarse en un animal, un tronco o una sombra. - **Imitador**: silba y reproduce el canto de cualquier pájaro. El silbido en el monte, sin ningún ave a la vista, es la señal de que está cerca. - **Invisible** cuando quiere. A veces solo se lo escucha.

En algunas versiones lleva un sombrero de paja grande que le tapa la cara.

El Karai Pyhare

En guaraní se lo llama Karai Pyhare, "el señor de la noche". La costumbre manda no decir "Pombero" en voz alta, sobre todo de noche, porque nombrarlo es llamarlo. Quien necesita referirse a él dice "Karai", "señor", o simplemente "él". Faltarle el respeto, burlarse o desafiarlo es buscarse problemas.

A diferencia de otros seres guaraníes como el Luisón o el Moñái, el Pombero no figura entre los siete hijos monstruosos de Tau y Keraná. Es un espíritu independiente, más cercano a los dueños del monte que cuidan a los animales, como el Curupira de Brasil.

Protector de los pájaros

El Pombero es el guardián de las aves. Castiga a los chicos que cazan pájaros con gomera, a quienes destruyen nidos y a los que matan animales sin necesidad. Los castigos más comunes son hacer perder en el monte al culpable, asustarlo con silbidos que vienen de todas partes, esconderle las herramientas o soltarle los animales del corral.

A la hora de la siesta, cuando el sol aprieta y los adultos duermen, los chicos que se escapan al monte corren el riesgo de cruzárselo. Esa hora la comparte con el Jasy Jateré, otro ser de la siesta guaraní, y las madres usan a los dos para que los chicos no salgan.

El que visita a las mujeres

La faceta más oscura del Pombero es la nocturna. Se dice que entra en las casas sin ser visto y visita a las mujeres mientras duermen. Durante generaciones se le atribuyeron embarazos sin explicación, y se decía que los chicos nacidos de esas visitas eran morenos, peludos o se parecían a él. Su contacto también puede enfermar: quien siente su mano o lo ve de frente puede quedar mudo, atontado o con fiebre durante días.

El pacto con el Pombero

El Pombero no es solo una amenaza. Bien tratado, es un aliado. La tradición dice que, si se le deja una ofrenda de noche afuera de la casa, protege el hogar, cuida los animales y avisa de los peligros. Las ofrendas clásicas son:

- **Tabaco**, en cigarro o en hoja. - **Caña** (aguardiente). - **Miel**.

Quien empieza a dejarle regalos tiene que seguir haciéndolo: si un día se olvida, el Pombero se ofende y su protección se convierte en castigo. Es un trato que no se rompe fácilmente.

Cómo protegerse

- No nombrarlo de noche. Si hay que hablar de él, decir "Karai". - No cazar pájaros ni romper nidos sin necesidad. - No andar solo por el monte a la hora de la siesta. - Si se escucha un silbido extraño en el monte, no responderlo ni imitarlo. - Si se decide dejarle ofrendas, ser constante.

El Pombero hoy

Lejos de desaparecer, el Pombero sigue vivo en el Litoral argentino y en Paraguay. Aparece en canciones, en libros escolares y en relatos de gente que asegura haberlo escuchado silbar en el monte. En los pueblos rurales todavía hay quien deja tabaco en la ventana, por las dudas.

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