Cerro Uritorco

Lugares malditos o sagrados · Bosques, islas y montañas

Ilustración de Cerro Uritorco (lugares malditos o sagrados · bosques, islas y montañas)

Cerro Uritorco: el portal de piedra y la ciudad subterránea de Erks

La noche del 9 de enero de 1986, una luz roja del tamaño de un autobús cruzó el cielo de la Sierra Chica de Córdoba y se asentó contra la ladera del cerro El Pajarillo, vecino directo del colosal Uritorco. El niño Gabriel Gómez y su abuela contemplaron el destello desde las ventanas de su rancho. Al amanecer, los vecinos y la policía local encontraron una marca perfecta sobre el pastizal: un óvalo quemado de 120 metros de largo por 70 de ancho. Dentro de ese perímetro, los insectos yacían carbonizados y las raíces de la vegetación habían quedado reducidas a cenizas, sin que el fuego se hubiera propagado un solo centímetro fuera del borde. La mancha negra en la ladera no fue solo el rastro de una combustión inexplicable; fue el disparo de salida para la fiebre moderna por el cerro más misterioso de Sudamérica.

El santuario de los hombres de piedra

Mucho antes de que los buscadores de ovnis llenaran sus laderas, los comechingones dominaban estas tierras. Para esta etnia de guerreros de gran estatura y rostros barbados, el cerro Uritorco —cuyo nombre, en quechua, significa "cerro de los loros"— era un templo viviente de piedra. Los nativos subían a la cumbre para realizar rituales de iniciación y comunicarse con las entidades que, según su tradición, habitaban en el corazón de la montaña. Los guerreros prehispánicos observaban luces que brotaban de las entrañas de la roca y surcaban el cielo nocturno sin hacer ruido; las llamaban "luces divinas" y las consideraban almas de los antepasados y guardianes del territorio. Cuando los conquistadores españoles, liderados por el capitán Tristán de Tejeda, iniciaron la sangrienta campaña de sometimiento en el siglo XVI, cientos de nativos se refugiaron en el cerro. Antes de aceptar la esclavitud y el bautismo forzado, comunidades enteras se arrojaron al vacío desde los acantilados del vecino cerro Ongamira. Desde ese momento de sacrificio, el Uritorco quedó impregnado con una energía de resistencia y misterio que los lugareños respetan hasta el día de hoy.

Erks y el cirujano de la luz

En la década de 1980, el mito del cerro se transformó para siempre con la revelación de Erks (Encuentro de Remanentes de Kosmos Sideral), la ciudad intraterrena que supuestamente duerme bajo las raíces de piedra del Uritorco. Quien le dio forma y nombre a este misterio fue el médico osteópata de origen griego Ángel Cristo Acoglanis. Acoglanis decía canalizar a un ser llamado Sarumah y guiaba a grupos de iniciados por Los Terrones durante la madrugada. En la oscuridad total del monte cordobés, el médico entonaba cánticos en un idioma desconocido, que llamaba "cósmico", para invocar a las luces del cerro. Quienes lo acompañaban en estas vigilias presenciaron cómo enormes esferas luminosas flotaban sobre los pastizales y templos de luz blanca se materializaban por unos segundos entre los pliegues de la montaña. El misterio se volvió trágico el 19 de abril de 1989, cuando Acoglanis fue asesinado a tiros en su consultorio de Buenos Aires por su amigo íntimo Rubén Antonio, quien cometió el crimen sin mediar palabra y se llevó a la tumba los motivos de la ejecución. La muerte del canalizador de Erks solo alimentó la certeza de que el médico había abierto puertas que debían permanecer cerradas.

Lo que ocultan las sombras de la sierra

Hoy en día, quienes ascienden el Uritorco experimentan alteraciones físicas que escapan a la rutina de una simple caminata. Las brújulas pierden el norte magnético al traspasar la mitad del ascenso, las baterías de los teléfonos móviles y las cámaras fotográficas se agotan por completo en cuestión de minutos y vuelven a cargarse solas una vez que el visitante desciende. Los guías de montaña y los guardaparques acumulan relatos de pequeñas esferas de luz blanca o ámbar que se desplazan a ras del suelo, esquivando los árboles con movimientos inteligentes, antes de desvanecerse al chocar contra las paredes de granito. Quienes acampan en las laderas bajas reportan un zumbido sutil pero constante que vibra bajo la tierra durante las horas más frías de la noche, una frecuencia baja que altera el ritmo cardíaco y provoca una intensa sensación de alerta, como si la montaña entera estuviera respirando.

La física del gigante de granito

La explicación racional más citada apunta a la composición del Uritorco. El cerro es un inmenso bloque de granito, cuarzo y feldespato, materiales con propiedades piezoeléctricas extremas. La presión tectónica generada por las fallas geológicas subterráneas de la Sierra Chica comprime mecánicamente estos minerales. Esta compresión constante genera inmensos campos electromagnéticos e ioniza el aire a nivel del suelo, provocando el fenómeno físico de las luces de terremoto: descargas lumínicas flotantes que reaccionan a las corrientes de aire y a la humedad de la sierra. Esta misma actividad electromagnética satura los componentes de los dispositivos electrónicos de los excursionistas y distorsiona el magnetismo local, inutilizando las brújulas.

El centinela del valle

Al caer la tarde en Capilla del Monte, las nubes suelen rodear la cima del Uritorco formando discos perfectos que la luz del crepúsculo tiñe de color violeta. Abajo, en el pueblo, los buscadores de portales vigilan el horizonte esperando la primera señal. Arriba, el coloso de piedra permanece inmutable, ocultando bajo sus millones de toneladas de cuarzo los secretos de los que murieron en sus faldas y las luces que insisten en brotar de sus grietas.

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