Baba Vanga

Profecías y escatología · Profetas y videntes

Ilustración de Baba Vanga (profecías y escatología · profetas y videntes)

Baba Vanga: la vidente ciega de los Balcanes que vio el fin de Europa

Baba Vanga (Vangelia Pandeva Gushterova, 1911-1996) fue una vidente ciega búlgara a la que consultaron durante medio siglo campesinos, científicos, el rey Boris III y líderes del bloque soviético. El Estado comunista le pagó un sueldo y la estudió. Hoy su nombre es sinónimo de profecía: cada año se viralizan "predicciones de Baba Vanga" que, en su mayoría, ella nunca pronunció. Su fama empezó en abril de 1941, durante la invasión de Yugoslavia, cuando la gente de Strumica empezó a visitarla para preguntarle por los soldados desaparecidos en el frente y por el destino de los que iban a combatir. Vanga afirmaba que unas criaturas invisibles le revelaban secretos sobre la vida de las personas y el destino del mundo. Su ceguera, provocada por un violento tornado que la enterró en arena durante su infancia, se convirtió en el umbral de una visión que, según sus creyentes, abarcó los eventos geopolíticos más importantes del siglo XX y los siglos por venir.

El viento que cerró sus ojos y abrió su mente

La historia de Baba Vanga comenzó en Strumica, una región que entonces pertenecía al Imperio Otomano. A los doce años, un fenómeno climático extremo la arrastró y la dejó inconsciente en un campo. Cuando la encontraron, sus ojos estaban cubiertos de arena y polvo; la pobreza de su familia impidió el tratamiento médico necesario y perdió la vista de manera definitiva. Fue en esa oscuridad física donde comenzó a gestarse su capacidad de percepción. A partir de 1941 su fama creció tanto que el propio rey Boris III de Bulgaria la visitó en busca de consejo. Poco después se casó y se instaló en Petrich, en Bulgaria, donde recibió a sus visitantes durante décadas. Vanga no utilizaba cartas, astrología ni bolas de cristal; sostenía que los espíritus de los muertos se presentaban ante ella para contarle el pasado, el presente y el futuro de quienes la visitaban.

El destino de los imperios y las bestias de acero

A lo largo de las décadas, los seguidores de Baba Vanga registraron cientos de predicciones que le atribuían una precisión asombrosa. La más famosa de ellas parece describir el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York: "los hermanos americanos caerán, atacados por pájaros de acero". Pero esa frase empezó a circular recién después de 2001 y no hay ningún registro de que ella la haya dicho. También se le adjudicó la anticipación del desastre del submarino nuclear ruso Kursk en el año 2000, al haber declarado décadas antes que Kursk sería cubierto por el agua y el mundo entero lloraría por él. En las predicciones que circulan a su nombre, Europa ocupa un lugar trágico: una decadencia continental que terminaría con la región convertida en un territorio baldío y casi despoblado.

El oráculo respaldado por el Estado

A diferencia de otros videntes que operaron en la clandestinidad, Baba Vanga recibió el reconocimiento oficial del gobierno socialista de Bulgaria. En la década de 1960, el Estado búlgaro la integró a un instituto de investigación científica sobre parapsicología y sugestología. Se le asignó un salario mensual, un equipo de secretarios para registrar sus visitas y seguridad para controlar las multitudes que hacían fila fuera de su casa. La élite política de la Unión Soviética y de los países del bloque del Este acudía a ella en secreto. Las grabaciones y transcripciones de sus consultas se convirtieron en archivos estatales protegidos, lo que alimentó el misterio sobre el verdadero alcance de sus revelaciones sobre la Guerra Fría y el equilibrio de poder mundial.

La verdad detrás de los manuscritos inexistentes

Baba Vanga falleció en 1996 y no dejó ningún registro escrito de su puño y letra debido a su ceguera y su bajo nivel de instrucción. Este hecho provocó que, tras su muerte, circularan en internet decenas de profecías apócrifas que se le atribuyeron falsamente para generar impacto en los medios. Entre estas falsificaciones se encuentran las predicciones de una guerra nuclear global en 2010 o la desaparición total de la población europea para el año 2016. Lo que sí está documentado por los investigadores de su país es su profunda conexión con la naturaleza de los Balcanes y el respeto que inspiraba en científicos y gobernantes. Hoy en día, su casa de Petrich funciona como museo, y en Rupite, donde recibía a la gente y donde está enterrada, miles de personas acuden cada año buscando rastros de la mujer que aseguraba ver el tejido invisible del tiempo.

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