El poltergeist de enfield

Fantasmas y espíritus de los muertos

Ilustración de El poltergeist de enfield (fantasmas y espíritus de los muertos)

El Poltergeist de Enfield: El estruendo en la casa de Green Street

La noche en que los muebles cobraron vida

En agosto de 1977, el número 284 de Green Street, una modesta casa de protección oficial en el barrio de Enfield, al norte de Londres, se convirtió en el epicentro del caso de actividad poltergeist más documentado y debatido del siglo XX. Todo comenzó en el dormitorio de las hermanas Janet, de once años, y Margaret Hodgson, de trece. Su madre, Peggy Hodgson, una mujer divorciada que criaba sola a sus cuatro hijos, fue llamada a la habitación de las niñas debido a unos extraños ruidos de golpes secos que provenían del suelo y de las paredes. Al principio creyó que se trataba de una travesura infantil, pero el escepticismo de la madre se desmoronó por completo cuando un pesado baúl de roble comenzó a deslizarse por sí solo unos palmos sobre el suelo alfombrado, desafiando la gravedad y la fuerza humana de quienes intentaron empujarlo de vuelta. Aterrorizada, Peggy buscó la ayuda de sus vecinos, los Nottingham, quienes también escucharon los misteriosos golpes que parecían responder a sus preguntas. La policía local fue convocada al lugar, y la agente Carolyn Heeps firmó una declaración jurada en la que atestiguó haber presenciado cómo una silla de la cocina se elevaba unos centímetros en el aire y se desplazaba sobre el suelo sin que mediara contacto físico alguno. La noticia no tardó en llegar a la prensa, y con ella, la intervención de la Sociedad para la Investigación Psíquica (SPR), que envió a los investigadores Maurice Grosse y Guy Lyon Playfair para documentar lo que pronto se transformaría en un asedio doméstico sin precedentes.

La voz de Bill Wilkins y el lente de la cámara

A medida que avanzaban los meses de 1977 y 1978, la actividad en la casa de Green Street se recrudeció y comenzó a centrarse casi exclusivamente en la joven Janet. Grosse y Playfair registraron más de mil incidentes distintos: sábanas que eran arrancadas con violencia de las camas mientras las niñas dormían, juguetes y piedras que volaban por las habitaciones a gran velocidad alcanzando temperaturas inusualmente altas al tacto, incendios espontáneos en cajones vacíos y levitaciones físicas que fueron capturadas en ráfagas de fotografías por el fotógrafo de prensa Graham Morris. En esas imágenes, Janet aparece suspendida en el aire, con el rostro desencajado por el horror, pareciendo haber sido arrojada desde su cama por una fuerza invisible. El fenómeno alcanzó su punto más escalofriante cuando el poltergeist comenzó a manifestar una voz a través de Janet. Utilizando las cuerdas vocales falsas de la niña, mediante un esfuerzo físico extremo que los médicos forenses consideraron imposible de sostener por más de unos minutos sin causar daños permanentes, una voz cavernosa, áspera y netamente masculina comenzó a hablar. El ser se identificó a sí mismo como Bill Wilkins, un hombre que declaró haber muerto años atrás en esa misma casa, sentado en un sillón del piso inferior tras sufrir una hemorragia cerebral. Investigaciones posteriores de los archivos parroquiales y catastrales confirmaron la existencia y las circunstancias exactas del fallecimiento de Wilkins, un detalle que la familia Hodgson desconocía por completo.

Las grabaciones reales de la voz de "Bill" en Enfield

El debate de los escépticos y el peso de la confesión

El caso de Enfield no tardó en dividir a la opinión pública y a la comunidad científica de la época. Investigadores escépticos y magos profesionales, como Milbourne Christopher, visitaron la vivienda y argumentaron que gran parte de los fenómenos podían ser replicados mediante trucos de ventriloquia, manipulación de interruptores y distracciones deliberadas por parte de las niñas. En varias ocasiones, cámaras ocultas sorprendieron a Janet doblando cucharas de metal de manera manual o golpeando el suelo con el mango de una escoba para simular la presencia del espíritu, lo que llevó a muchos a calificar todo el asunto como un fraude elaborado producto de la búsqueda de atención de unas adolescentes en un entorno familiar inestable. Sin embargo, los investigadores de la SPR sostuvieron siempre que, si bien las niñas falsificaron una pequeña fracción de los incidentes —algo que la propia Janet admitiría décadas después, estimando que solo simularon "un dos por ciento" para probar la perspicacia de los investigadores—, la inmensa mayoría de las anomalías eran inexplicables. La actividad poltergeist comenzó a disminuir gradualmente hacia finales de 1978, coincidiendo con la hospitalización de Janet para pruebas psiquiátricas y la intervención de un médium. Hoy en día, la casa del 284 de Green Street está habitada por otra familia que prefiere mantenerse al margen de la macabra fama de la propiedad, la cual continúa siendo el paradigma de la intrusión de lo paranormal en la cotidianidad de un hogar de clase trabajadora.

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